Es un obscuro genio contemporáneo cuyas
obsesiones particulares, a través de su estupendo arte, levantaron y siguen
levantando innumerables polémicas y profundas admiraciones: fetichismo médico,
inocencia infantil mancillada, iconos de fragilidad en tortuosos sometimientos,
bondage/domination, sadomasoquismo; y un interesantísimo etcétera. Este es un
pequeño semblante de su trabajo, algo desconocido en este hemisferio, y que
podría inspirar la exploración temática gráfica de los sombríos rincones de
nuestra condición humana. Todas las sociedades (y más aún la nuestra) son muy afectas a manejar dobles estándares morales. Desde esa hipocresía se critica lo “no conveniente”, lo “inmoral”, lo que “no debe ser”, y Trevor por supuesto, desde muy joven se sentó en esas maniqueas formas moralinas y experimentó, primero para sí, sus más recónditas alucinaciones, valiéndose para ello de lo que en apariencia es lo más frágil: la inocencia infantil, los juguetes femeninos, la delicadeza quirúrgica. Nuestra sociedad, ahora tan afecta a las salas de operaciones en pro del “good looking”, de la propia alteración de la anatomía con fines absolutamente superficiales; esa sociedad, también condena la exposición de la sangre y la “macabra” aparición de las entrañas humanas, salvo por supuesto, que exista consenso en su mostración (cine, tv shows, etc.). Todo un círculo ambivalente al cual Trevor, desde su propuesta estética, le saca la vuelta, y genera apasionamientos y disensos, horror y solazamiento.
“Terror” no es exactamente lo que el trabajo de Trevor Brown genera, aunque algunos sí lo encontrarán terrorífico, más aún, enfermizo, degenerado, retorcido. Otros admiramos su pulcritud gráfica, su estilo depurado y su arrojo para exponer lo que anida en su inconsciente. Pero lo que unánimemente se puede sentir ante su arte es estupefacción, sus galerías incomodan a los estómagos débiles, sus aventuras temáticas excitan las parafilias ajenas, aunque para Trevor sólo sea experimentación artística, mancillar en el papel lo inmancillable, escupir sobre lo sagrado, violentar lo que en apariencia debe ser protegido.
Trevor Brown nació en Londres, Inglaterra, desde muy joven sintió el impulso artístico por lo que rápidamente se inscribió en escuelas de arte y trabajó en oficinas de diseño, sin embargo, dentro de él había algo más que necesitaba ser expuesto, por ello, decidió ser un ilustrador freelancer hasta que, en 1985, publica unos booklets fotocopiados con trabajos en tinta bajo títulos como “Autopsia Gráfica”, “Necro Porno” e “Imágenes Ultrajadas”, y que fueron distribuidas en el circuito underground londinense. Sus primeros trabajos fueron inspirados en la novela de Michael Ballard, “Crash” y en las revistas de “Bazooka Producciones”, una contracultural editorial francesa. En 1991, inicia su interés por la animación y la gráfica japonesa, se contacta con Masami Akita, un ilustrador, músico, escritor, director y varias cosas más de primera línea. Pronto, la música noise y la técnica japonesa afilan su estilo hasta que en 1993 exhibe oficialmente sus trabajos en técnica aerográfica, en las fiestas para fetichistas en el mítico “Jardín de la Tortura Club”. Sin embargo, su exposición fue muy criticada por la oficialidad londinense, en donde la represión sobre el arte que pueda “lindar” con lo pornográfico o brutal, es fortísima.





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